viernes, 19 de octubre de 2018


MITOS DE LA HIPNOSIS
La Hipnosis en sí, se ha desarrollado bajo el acompañamiento de la denominada “hipnosis de espectáculo”, esto ha encaminado a una serie de mitos y creencias muy particulares y equívocas sobre la misma. De igual manera se la vincula con las “ciencias ocultas, esoterismo y parapsicología”, originando falsos conceptos sobre la misma y por ende el rechazo y miedo hacia este tema en muchas personas.
A continuación detallaré algunos mitos relacionados con la hipnosis, marcados por (Rafael Fenoy Castaño):
  • Una persona puede quedar enganchada en el proceso de hipnosis y no poder salir del estado de trance. Durante el proceso hipnótico, el paciente es completamente consciente de lo que ocurre a su alrededor y mantiene el control de la situación en todo momento, por lo que puede interrumpir el proceso cuando lo desee.
  • La hipnosis puede agravar problemas latentes del paciente. No existe evidencia científica que demuestre que esta herramienta pueda generar efectos colaterales o incrementar los problemas del demandante.
  • El proceso genera un estado similar al sueño. En realidad ocurre lo contrario, el paciente permanece despierto en todo momento. De hecho, es posible llegar a realizarse hipnosis con los ojos abiertos. Tal y como ocurre en la mayoría de los casos, cerrar los ojos para este proceso se realiza porque permite mejorar la concentración del paciente durante la hipnosis. Además, la evidencia demuestra que el hipnotizado participa activamente en su administración.
  • Mientras la persona se encuentra bajo hipnosis, pierde el control voluntario de sus acciones. Se ha demostrado que, a pesar de actuar de una forma más automática, el individuo mantiene su capacidad de decisión y control, pudiendo elegir entre seguir las sugerencias o indicaciones del hipnotizador o interrumpir el proceso.
  • El hipnotizador tiene un poder o habilidad especial. La investigación ha determinado que son muy pocas las habilidades que definen a un hipnotizador, que sería aquel que aplica las herramientas más adecuadas en el momento oportuno y que adapta dichas herramientas a las características de la persona y de la situación.
  • El terapeuta puede manipular las acciones del hipnotizado. Como se ha comentado, la persona permanece consciente y mantiene el control, por lo que puede tomar sus propias decisiones durante todo el proceso.
  • El paciente no recuerda lo que ha sucedido mientras estaba bajo hipnosis. Debido a que la persona es consciente del proceso, es capaz de recordar lo ocurrido durante el proceso.
  • La hipnosis puede ser peligrosa o generar graves consecuencias. No se han detectado casos en los que el hipnotizado sufra problemas físicos o psicológicos derivados del uso de esta herramienta.
  • La persona hipnotizada no puede falsear el relato de los acontecimientos vividos. La evidencia muestra que esta herramienta aumenta el recuerdo de material o experiencias vividas previamente, pero también de situaciones incorrectas o distorsionadas.
  • Puede generar reacciones inusuales y excepcionales durante el proceso hipnótico. También es falso; lo que realmente ocurre es que la persona puede experimentar diversos tipos de cambios o experiencias (sensoriales, perceptivas, cognitivas o de comportamiento).
Debemos manifestar y recordar que La hipnosis es un estado de conciencia donde el paciente siempre está atento a su entorno. En este estado la persona hará o dirá solo lo que él considere para mejorar su salud.

Este estado se caracteriza por ser de concentración focalizada, la persona no estará ni totalmente dormida, ni totalmente despierta, pudiendo reprogramarse de manera mas profunda para sanar y superar dolores del pasado.

La persona conservará su estado de elección y manifestar lo que mejor sea para la superación de miedos, además de cambios de conducta y alivio de dolencias.



Fuente: Rafael Fenoy Castaño

lunes, 8 de octubre de 2018


LA DEPRESIÓN


Según (Albrecht, 2007, p. 23), señala que la depresión es:

“El término médico hace referencia a un síndrome o conjunto de síntomas que afectan principalmente a la esfera afectiva: la tristeza patológica, el decaimiento, la irritabilidad o un trastorno del humor que puede disminuir el rendimiento en el trabajo o limitar la actividad vital habitual.” (Albrecht, 2007, p. 23)

Al analizar esta apreciación sobre la depresión se puede manifestar que es un trastorno significativo en la actitud de los seres humanos, las mismas que pueden ser expresadas a través de la forma de actuar de los individuos.

Muchas veces se la confunde con el trastorno de ansiedad, la persona aquejada de depresión puede no vivenciar tristeza, sino pérdida de interés e incapacidad para disfrutar las diferentes actividades.

Sobre la causa y naturaleza de la depresión y otros trastornos psicológicos, Sigmund Freud manifestaba lo siguiente:

“Freud, pensaba que las fuerzas culturales reprimían los impulsos representados por el ello, el modo que la enfermedad era inducida por el ambiente en el que se desarrollaba el sujeto.” (González, 2004, p. 85).



HISTORIA DE LA DEPRESIÓN

La depresión a sus inicios era denominada melancolía, ya se la menciona en escritos y tratados médicos en la Antigüedad, a continuación citaremos los primeros en darles conceptos a este trastorno.

“El origen del término se encuentra, de hecho, en Hipócrates, aunque hay que esperar hasta el año 1725, cuando el británico Sir Richard Blackmore rebautiza el cuadro con el término actual de depresión.” (Stanley, 2007, p. 61)

Esta información indica que desde la antigua Grecia, ya se conocía sobre este mal, es algo natural en el ser humano, sin embargo en nuestra era contemporánea se tiene registro del siguiente dato:

“Hasta el nacimiento de la psiquiatría moderna, su origen y sus tratamientos alternan entre la magia y una terapia ambientalista de carácter empírico (dietas, paseos, música, etc.) pero, con el advenimiento de la Controversia de la biopsiquiatría y el despegue de la psicofarmacología, pasa a ser descrita como acaso una enfermedad más.” (Fundación española de Psiquiatría y Salud Mental, 2005, p. 4)

En cuanto a su etiología, el origen de la depresión es complejo, ya que su aparición influyen factores genéticos, biológicos y psicosociales.

Hay evidencias de alteraciones de los neurotransmisores, citoquinas y hormonas que parecen modular o influir de forma importante sobre la aparición y el curso de la enfermedad. La psiconeuroinmunología ha evidenciado trastornos en el eje hipotálamo – hipofisario – adrenal relacionados con los neurotransmisores, así como alteraciones inmunológicas asociadas a citoquinas en el trastorno depresivo mayor.



TIPOS DE DEPRESIÓN.

Los tres tipos más comunes de depresión son:

1.      Depresión severa o mayor se presenta con una combinación de síntomas que interfieren o disminuyen la capacidad para trabajar, estudiar, dormir, comer. Es el no disfrutar de actividades que antes eran placenteras. Generalmente cuando se presenta es muy incapacitante y puede ser una sola vez o en varias ocasiones (Catholic Health System, 2005).

2.      La distimia, es un tipo de depresión de menor gravedad, presenta síntomas crónicos de menor afectación incapacitante pero sí interfiere con el buen funcionamiento y bienestar de la persona que la padece Catholic Health System, 2005).

3.      El trastorno bipolar, conocida también como enfermedad maniaco depresivo, se caracteriza por cambios cíclicos en el estado de ánimo, rápidos o graduales del estado eufórico o ánimo elevado al depresivo o ánimo bajo. En la fase depresiva, la persona puede presentar uno, varios o todos los síntomas de la depresión mientras que en la fase maníaca puede presentar una gran cantidad de energía que se traduce en hiperactividad. En esta fase frecuentemente se ve afectado el pensamiento y el juicio de la persona. Este tipo de depresión no es tan frecuente como los otros dos casos (Catholic Health System, 2005).



SÍNTOMAS DE LA DEPRESIÓN.

Ciertos síntomas notorios y característicos son los presentados por personas que padecen de depresión, estos síntomas tienen una etapa de dos semanas como mínimo. Estos síntomas permiten identificar a la persona que sufre depresión.

Los más comunes en los adolescentes, sobre todo en la etapa puberal son:

·         Conducta negativista o claramente antisocial.
·         Hurtos
·         Agresividad
·         Consumo de alcohol y/o drogas
·         Deseos de marchar de casa
·         Sentimiento de con ser comprendido
·         Malhumor e irritabilidad
·         Desgane para cooperar en actividades familiares
·         Tendencia a recluirse en la propia habitación
·         Desinterés por el aseo personal
·         Dificultades escolares
·         Retraimiento social con hipersensibilidad; especial respuesta al rechazo en relaciones amorosas
·         Trastorno del estado de ánimo, desmoralización y falta de alegría.
·         Desinterés por cosas que antes le atraían.


TRATAMIENTO DE LA DEPRESIÓN
Existen diferentes prototipos de tratamientos que se pueden clasificar en cinco grandes grupos.

Ø  El tratatamiento famacológico.
Ø  Las hierbas medicinales.
Ø  La psicoterapia.
Ø  El tratamiento combinado (fármacos y psicoterapia)
Ø  Terapia electroconvulsionante (Anestesia ligera y descargas eléctricas)
Ø  Terapia con Hipnosis.

viernes, 5 de octubre de 2018

APLICACIONES  CLÍNICAS DE LA HIPNOSIS

Antes de adentrarnos en el conjunto de aplicaciones clínicas de la hipnosis, se debe considerar que la hipnosis no constituye una terapia por sí misma, ya que es una técnica que se ejecuta con varias intervenciones. De aquí surgen las diversas aplicaciones en los campos médicos y psicológicos, en los que se ha verificado su utilización en problemas de consumo de cigarrillos, dolor, problemas de colon, sobrepeso, ansiedad, depresiones y problemas originados por el cáncer en las etapas de quimioterapia y sobre todo en problemas esenciales del diario vivir, como el estrés que alteran el comportamiento de las personas.

En el campo de la ciencia se ha constituido en una técnica que ha despertado el interés, usada como una herramienta alternativa,  siendo utilizada por profesionales ya que en algunos casos se han formado con estas técnicas para manejar con gran seguridad los casos clínicos.

Es sencilla la técnica de la hipnosis, ya que la modalidad generalizada consiste en que el terapeuta asociado al poder de la palabra y sugestión consigue una comunicación con la parte interna del paciente o mejor dicho el subconsciente, consiguiendo con esto una comunicación agradable y aceptada por el paciente para modificar comportamientos que desee cambiar. Otra técnica también empleada; pero no muy común es con la hipnosis magnética, en donde no es necesario de la palabra, esta se maneja de una forma más primitiva, también  denominada como “mesmerismo”, permitiendo al paciente sacar todo lo negativo solo con pases magnéticos y en estado hipnótico.


martes, 2 de octubre de 2018


EJEMPLO DE ENSAYO

El Loco

G.K. Chesterton

“La imaginación no conduce a la locura. Lo que conduce a la locura es la razón. Los poetas no se vuelven locos; los jugadores de ajedrez sí, y los contables, pero sólo muy raras veces los artistas creativos. Como se verá, no pretendo atacar a la lógica: tan sólo digo que la lógica, y no la imaginación, encierra ese peligro. La paternidad artística es tan saludable como la paternidad física. Más aún, vale la pena señalar que cuando un poeta era verdaderamente enfermizo normalmente lo era porque ocultaba algún punto débil de racionalidad en su cerebro. Poe, por ejemplo, era verdaderamente enfermizo, no porque fuera poético, sino por ser particularmente analítico. Incluso el ajedrez le parecía demasiado poético; le disgustaba el ajedrez porque estaba repleto de castillos y caballeros, como un poema. Confesaba preferir los discos negros de las damas porque se parecían más a los simples puntos negros de un diagrama. Tal vez lo más tranquilizador sea esto: que sólo un gran poeta inglés se volvió loco: Cowper. E indudablemente fue la lógica lo que le condujo a la locura, la lógica ajena y desagradable de la predestinación. La poesía no era la enfermedad, sino la medicina; la poesía le mantuvo sano en parte. A veces lograba olvidar, entre las anchas aguas y los blancos lirios del Ouse, el infierno rojo y sediento al que le empujaba la terrible necesidad. Juan Calvino le condenó; Juan Gilpin estuvo a punto de salvarlo. En todas partes vemos que los hombres no se vuelven locos por soñar. Los críticos son mucho más locos que los poetas. Homero es totalmente cuerdo y tranquilo; son sus críticos los que le despedazan con extravagantes balbuceos. Shakespeare era él mismo; sólo algunos de sus críticos han descubierto que era otro. Y aunque san Juan Evangelista vio muchos monstruos extraños en su visión, no vio a ninguna criatura tan absurda como sus propios comentaristas. El hecho general es muy simple: la poesía es cordura porque flota fácilmente en un mar infinito; la razón trata de cruzar el infinito y de convertirlo así en finito. El resultado es el agotamiento mental, como el agotamiento físico del señor Holbein. Aceptarlo todo es un ejercicio, comprenderlo todo es agotador. El poeta tan sólo aspira a la exaltación y la expansión, quiere un mundo en el que desperezarse. El poeta pide meter la cabeza en el cielo. Es el lógico quien trata de meterse el cielo en la cabeza. Y es su cabeza la que se parte en dos. Resulta trivial, aunque no irrelevante, que este sorprendente error se suela apoyar en una cita errónea no menos sorprendente. Hemos oído a la gente citar el famoso verso de Dryden: ‘El genio está íntimamente ligado a la locura’. Pero Dryden nunca dijo que la genialidad estuviera ligada a la locura. Dryden era él mismo un genio y sabía lo que decía. Habría sido difícil encontrar a un hombre más romántico o sensato que él. Lo que Dryden dijo fue esto: ‘Los grandes ingeniosos a menudo están íntimamente ligados a la locura’, cosa que es cierta. Es la pura prontitud del intelecto lo que está a punto de quebrarse. Además la gente recordará la clase de hombre de la que hablaba Dryden. No se refería a ningún visionario místico como Vaughn o George Herbert. Se refería al cínico hombre de mundo, al escéptico, al diplomático, a los grandes políticos pragmáticos. Esos hombres son los que suelen estar próximos a la locura. Sus incesantes cálculos sobre sus propios cerebros y los de los demás son un negocio peligroso. Siempre es peligroso para la imaginación ponerse a analizar la imaginación. Algún frívolo ha preguntado por qué decimos: ‘loco como sombrerero’. Otra persona aún más frívola podría contestar que los sombrereros están locos porque se dedican a medir la cabeza humana. Y si los grandes razonadores suelen ser maníacos, no es menos cierto que los maníacos suelen ser grandes razonadores. Cuando estaba implicado en una controversia con The Clarion acerca del libre albedrío, el capaz escritor R.B. Suthers dijo que el libre albedrío era demencial, porque implicaba acciones sin causa, y las acciones de un lunático no tendrían causa. No me detendré aquí en los desastrosos lapsos de la lógica determinista. Si la cadena causal puede romperse para un loco, también puede romperse para un cuerdo. Pero mi propósito es señalar algo más práctico. Quizá fuese de esperar que un socialista marxista moderno no supiera nada de locos. El señor Suthers evidentemente no sabía nada de locos. La última cosa que se puede decir es que sus acciones carezcan de causa. Si hay algún acto humano del que pueda decirse que carece de causa, ésos son los actos triviales del hombre cuerdo: silbar mientras camina; golpear la hierba con una ramita; hacer chocar sus talones o frotarse las manos. Es el hombre feliz quien hace cosas inútiles; el hombre enfermo no tiene fuerzas suficientes para estar ocioso. Son exactamente esas acciones descuidadas y sin causa las que el loco no comprendería nunca; pues el loco (como el determinista) en general ve demasiadas causas en todo. El loco dará una significación conspiratoria a todas esas actividades vacías. Pensaría que el golpear la hierba es un atentado contra la propiedad privada. Creería que el entrechocar talones era una señal para un cómplice. El loco sanaría si pudiera despreocuparse por un instante. Cualquiera que haya tenido la desgracia de hablar con alguien al borde o en pleno desorden nervioso, sabe que su cualidad más siniestra es una horrible claridad de detalle; una conexión de una cosa con otra en un mapa más elaborado que un laberinto. Si uno discute con un loco, es extremadamente probable que salga malparado, porque en muchos sentidos su imaginación se mueve más deprisa ya que no está limitada por el buen sentido. No la entorpecen el sentido del humor, ni la claridad, ni las ramplonas seguridades de la experiencia. Es tanto más lógico en cuanto que ha perdido determinados afectos sensatos. Desde luego, lo que suele decirse comúnmente a propósito de la locura resulta equívoco. El loco no es alguien que ha perdido la razón. El loco es alguien que lo ha perdido todo excepto la razón. La explicación que da el loco de cualquier cosa siempre es completa, y a menudo satisfactoria en un sentido puramente racional. O, por hablar más rigurosamente, la explicación del loco, si no concluyente, al menos es irrebatible; esto puede observarse sobre todo en los dos o tres tipos de locura más habituales. Si alguien dice (por ejemplo) que los demás conspiran contra él, sólo se le puede responder diciéndole que los demás lo niegan, que es exactamente lo que harían si estuvieran conspirando contra él. Su explicación justifica los hechos tanto como la tuya. O, si uno dice ser el legítimo rey de Inglaterra, no basta responderle que las autoridades existentes lo consideran loco, pues, si fuese el legítimo rey de Inglaterra, eso sería lo más inteligente que podrían hacer las autoridades existentes. De nada sirve decirle a uno que asegura ser Jesucristo que el mundo niega su divinidad, pues el mundo entero negó la de Cristo”.

Fuente: G.K. Chesterton