sábado, 29 de septiembre de 2018


LA PALABRA Y SU PODER


La palabra tiene el poder de crear y destruir, una voz serena y amable puede llegar a ser muy terapéutica y sanadora en comparación a un medicamento., nos puede cambiar de ánimo en tan solo un segundo, llevándonos a la risa, la alegría y hasta la ternura.

Una palabra puede sorprender, emocionar y conmover, además de construir y destruir, el ejemplo claro se encuentra en las relaciones o amistades, donde se empieza conversando y si surge una palabra fuera de lugar puede llegar a la otra persona a cambiar su estado.

Sin embargo el milagro más destacado de las palabras es que lleguen a curar. Si, a curar, en muchos casos alivian dolores, nos ponen un panorama más claro ante nuestras dudas, quitan el miedo, tranquilizan nuestras rabias, nos permiten asimilar duelos, sanar heridas antiguas, estar tranquilos con nuestras consciencias. Sencillamente se puede decir que las palabras tienen como objetivo liberarnos de la esclavitud espiritual y hasta física.

A continuación detallo una cita del escritor Víctor Gómez Rodríguez en su libro “Medicina práctica”, donde manifiesta lo siguiente en relación al poder de la palabra en la salud:

“Las palabras del médico son vida o son muerte para el enfermo y en esto estriba gran parte de la responsabilidad de los médicos, sea que empleen el verbo con fines constructores o destructores. A ningún enfermo se le deberá jamás desconsolar o desahuciar. Al enfermo se le debe de decir siempre: ‘usted está mejorando’, ‘usted está sanando’, ‘su curación progresa’, ‘su enfermedad desaparece’, ‘pronto estará bien’, entre otros términos… Estas frases quedan grabadas en el subconsciente del enfermo y en consecuencia, este sanará rápidamente. Por grave que éste o parezca un paciente, jamás se le debe decir que su estado de salud es delicado, peligroso, etc., porque son estas palabras negativas y destructoras se acelera la muerte de quien hablándole en términos contrarios con palabras de esperanza y fortaleza, se puede mejorar y sanar totalmente”.

En definitiva debemos ser muy pensantes antes de emitir un criterio, de comentar o simplemente expresar una palabra. En las personas una palabra hiriente puede tardar muchos años en salir del corazón, se convierte en una emoción no agradable para esa persona y que conlleva a cambios de actitudes y en muchos casos hasta aptitudes.

Es recomendable sobre todo utilizar ciertos términos con cuidado frente a nuestros hijos, ya que somos los forjadores adicionales a su futuro, siempre verán el ejemplo para ellos de nuestras actitudes, con el inmenso poder que tienen las palabras no es necesario insistir en que una palabra tierna con esperanza y amor, puede alegrar el corazón.




Psic. Gabriel Romero R.
FUENTES: Víctor Gómez Rodríguez (Medicina Práctica)

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